8 de diciembre de 1999

Acumulación de escombros.

Concurso de esculturas Parque de la Memoria. En homenaje a los detenidos-desaparecidos y asesinados por el terrorismo de estado en la Argentina
Proyecto finalista.

Una vez, nuestra tierra se abonó con fémures quebrados, dientes arrancados, úteros carbonizados, ladrillos horneados con dinamita y pedazos de sangre que, río abajo, se reunían en jangada náufraga.
Hoy, un maná de flores nos entrega cosecha de esperanza. Aquel entierro de desaparecidos que no terminarán de morir nunca, levanta aquí la Resurrección de Todos los Pasados.
Nuestro proyecto es una voz que quiere pronunciarse. Pretendemos crear un parterre con los brazos en alto, una nube con un cable a tierra, una bandada de pájaros unidos por las alas, un ojo en el que la Primavera de la vida descanse un instante para seguir camino.
La muerte ha dejado de existir para florecer en un territorio que crece a la redonda,  se eleva, se alza ensanchando el horizonte para que cada hombre tenga el predio de libertad por donde caminarán los hijos de sus hijos.
El mundo, que lucha para mantenerse en pie jornada tras jornada, encontrará aquí una almohada en la que apoyar la cabeza y soñar todavía.
Sentimos que, desde el más geológico de los humus, este espacio está lleno de aroma, de estallido de los sentidos, de  tiempo inaugural. Un golpe de espigas irá echando abono de pañuelos blancos, la limpieza de una mañana clara.
Escucharemos, no el acento de un luto, sino el canto del amanecer del día a día.





Un montículo de piedras, un montículo formado por acumulaciones concentradas de escombros pétreos abandonados. Un depósito de escombros grandes rocas artificiales ancladas a la tierra nueva una zona elevada un mirador artificial un ícono diferente un nómada de no moverse puro devenir símbolo si se quiere una tierra en los aires para el cultivo de flores rojas y amarillas una evidencia de duraciones un gran bucle extraño, un campo homogéneo y a la vez heterogéneo, un lugar arriba, un lugar entre, un lugar para desear una pradera de flores en lo alto un lugar bajo el sol una superficie para verdear y enrojecer un manojo de significancias.
El modelo no propone una forma, sino una formación atemporal, una evolución, una transformación imperceptible, un acontecimiento, una variación atmosférica; no tiene principio ni fin, se encuentra en el medio, siempre entre las cosas. La cosa ya existe como tal y es inherente al problema de la recuperación de la costa y a los trabajos realizados y en ejecución. Se trata de informar los esfuerzos de recuperación del área, ni automáticamente ni como producto del azar, generando una nueva concentración de escombros y transformándolos en una nueva naturaleza artificial.
Ya es una característica de la costa de la ciudad el uso permanente de materiales de relleno, como escombros, basuras, desperdicios, etc., como forma de ganar espacios sobre el río. Una serie de esfuerzos económicos y físicos, una perdida de tiempo, una mala política de lo físico seria mudar lo que ya tenemos.
La propuesta considera todas estas variables de producción del objeto, porque ya no se pude ser indiferente con los acondicionamientos de la época, meterse en el medio de la construcción del parque productivamente, interpolando acciones que actualicen las maniobras de movimientos ya propuestos.


Proyecto: Roberto Bogani, Santiago Bozzola, Ramiro Gallardo, Andrés Gorini
Asesora en floricultura: María Laura Pérez
Asesor en suelos: ingeniero Alejo Sfriso
Textos primera fase: José Carlos Gallardo
Diseño gráfico cd: Enrico Rovaletti
Edición video: Matías Sánchez de Bustamante
1999. Buenos Aires